
Interpol Uruguay alertó sobre dos nuevas modalidades de estafa en ese país, a través de Internet y de teléfonos celulares, ya que da cuenta de varias denuncias en los últimos meses.
En este post nos vamos a centrar en una de estas modalidades, que con algunas diferencias menos sofisticadas, también es muy frecuente aquí en Argentina. Muchísimas personas que conozco han recibido mensajes de este tipo, incluso mis familiares, aunque –por suerte- sin caer en la trampa.
- ¿Cómo realizan el engaño en Uruguay? Los criminales llaman a personas, que tengan hijos en el extranjero, siendo que previamente han estudiado a sus posibles víctimas, a través de la información que obtienen de las redes sociales. Es decir que consiguen datos, a través de lo que los usuarios comparten en los medios sociales.
El delincuente se hace pasar por un amigo o compañero de trabajo del hijo y le explica a la familia, que este último ha tenido un problema con la ley y que necesita un giro para sacarlo de esa situación. También suelen pedir un segundo giro, siendo que además advierten a los familiares para que no intenten comunicarse con su hijo, ya que podrían comprometerlo o porque se encuentra incomunicado.
En general, los familiares terminan enviando el dinero, aunque todo se reduce a una estafa. El hijo no tenía problemas con la ley y el supuesto amigo -en realidad- forma parte de una banda delictiva, que se aprovecha de la angustia de los padres por lo que puede pasarle a su hijo, radicado afuera.
- Ahora bien, ¿qué sucede aquí en la Argentina? Desde hace un par de años, es muy común que delincuentes llamen a una familia, y les vayan sacando información o ya tengan información (por haber realizado tareas de vigilancia previa) con la finalidad de hacerles creer que un pariente se encuentra secuestrado, por lo cual deberán dejar dinero en determinado lugar.
Muchas veces llaman diciendo que este familiar ha tenido un accidente, para luego terminar manifestándoles que se trata de un secuestro. Los delincuentes –mientras hablan con sus víctimas- impiden que estas se puedan comunicar con el “supuesto secuestrado”, ya que, a través de alguna treta, obligan a los familiares a utilizar todos los teléfonos disponibles en ese momento.
Si bien la modalidad que se presenta actualmente en el Uruguay es bastante más sofisticada que la argentina, ya que los delincuentes obtienen información de sus víctimas, a través de las redes sociales, utilizan engaños similares: un hijo o familiar con problemas con la ley o en el peor de los casos, secuestrado. Y para ayudarlo, es preciso depositar dinero o, en su caso, dejarlo en algún lado. Se aprovechan de la desesperación de un padre o de una madre. ¿Quién no ayudaría a su hijo en una situación como esa? Todos o la mayoría, supongo…
Asimismo, buscan –mediante diferentes maneras- evitar que los familiares puedan comunicarse con la persona que tienen supuestamente secuestrada o que tiene problemas legales. En la Argentina, se comprobó que muchas de estas llamadas se hacían desde la cárcel, seguramente con la complicidad de gente de afuera, que podía estudiar los movimientos de las víctimas.
Y cómo muestra, les dejo un caso bastante emblemático, que ocurrió hace varios meses en Rosario, Argentina, en donde a pesar de que el engaño fue muy burdo, dos personas lograron ser engañadas, arrojando $160.000 (que mi país es muchísima plata) por el balcón, porque creían que tenían secuestrada a una familiar. ¡Los delincuentes: chochos con el botín!
Y para terminar, ya sea que la información que los criminales consigan de sus víctimas provenga de las redes sociales o de un simple seguimiento, conviene tener presente este tipo de accionares. Que aunque el engaño puede ser muy grosero para algunas personas, otras caen, ante la desesperación de que uno de sus parientes sea dañado o perjudicado. ¿Han recibido alguna vez una llamada de este tipo o conocen casos similares? Me gustaría conocer sus experiencias. ¡Muchas gracias!