La misión (bosquejo de relato)

  • Aclaratoria: Yo sé que no es para nada habitual en este blog publicar relatos. Pero hace muchísimo que no escribía ninguno. De hecho, es un género que siempre me costó un montón. Pero hoy no sé porque escribí este bosquejo de relato, al cual seguramente le faltan muchas correcciones y vueltas de tuerca.
    Así que me encantarían sus comentarios, opiniones o lo que sea sobre el mismo.  No importa que sepan poco o mucho de literatura. El tema es que sean sinceros. Todo es bienvenido, incluso si les ha parecido una porquería. Desde ya muchas gracias por tu tiempo y sus apreciaciones.

    La misión

    Desde que Irene se llevó a sus nietos, María había dejado de sonreír. Ya no se levantaba para comprar el pan ni para hacer los mandados. De a poco, todo lo que quería o conocía se había derrumbado, sin ninguna explicación.

    Hoy era el recuerdo de la anciana alegre y jovial que supo ser en otras épocas. Irene, su única hija, se apareció de golpe una mañana, de esas que te congelan hasta la sangre, arrancándole a los dos pequeños que desde hacía -por lo menos- un año vivían con la abuela.

    Y María no supo qué hacer ni qué decir. Irene, loca como pocas, era la madre, y todavía tenía la custodia de los chicos. María pensó que oponerse no tenía ningún sentido, y que cualquier juez le daría la razón a Irene. Pero se consoló con la creencia de que a los pocos meses Irene (en medio de sus famosas crisis o abandonada por el cafiolo de turno) volvería con los nenes para que nuevamente María se hiciera cargo de las criaturas.

    La abuela tenía una misión en la vida: enmendar los errores de Irene. Sin embargo, esta vez fue diferente. Pasaron dos, tres, cuatro, cinco meses, y nada. Ni noticias de Irene o de los chicos. María comenzó a estar cada vez más atenta a las noticias de los policiales. Tenía el tristísimo presentimiento de que quizás allí alguien hablará de Irene y de sus nietos.

    La anciana siempre supo que Irene no tendría un final feliz, pero los hijos no se merecían el mismo destino. Sus nietos eran víctimas de una madre alcohólica y violenta. María había convertido el amor que sentía por su problemática hija en una mezcla de bronca y de resentimiento por los castigos que les propinaba a los nenes.

    La angustia y la desesperación se apropiaron del cuerpo de María, quien desde que se llevaron a sus nietos había bajado unos quince kilos. Los surcos y las arrugas del rostro se profundizaron de tal manera, que costaba reconocerla. La preocupación por los chicos ocupaba toda su vida, hasta que una tarde calurosa y húmeda recibió una carta que decía:

    Abuela:
    Mamá está internada en el neuro psiquiátrico de La Plata, y te necesita mucho. No la abandones como nunca lo hiciste con nosotros. Hace unos días la encontraron desnuda y muy golpeada en un terreno baldío. Queremos que se haga justicia por nuestra mamá. Todavía no hay ningún culpable por el hecho. Lamentamos que a tu edad la carga sea tan pesada  de sobrellevar. A pesar de no querer irnos, debemos hacerlo. Ya no la podes seguir cuidando.  Dios nos tiene preparadas nuevas misiones: hay otras personas que necesitan que sus ángeles de la guarda los protejan.  Te amamos, abuela.
                                                                                                                                                                  Tus nietos.

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    Martes 26/06/2012 | Milagros | Sin comentarios |

Sobre el Autor

Milagros

Usuaria avanzada de Internet, proyecto frustrado de escritora, aunque con varios premios ganados. Escribe desde hace muchos años en blogs y en la actualidad es la editora de ChicaSEO.com. Le interesan las redes sociales, la tecnología en general, el Marketing y el posicionamiento web. Fanática de la Comunicación y la Productividad Personal. Su cuenta de Twitter es @milaweb

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