
Con la llegada del libro digital y de los lectores de e-books la gente cada vez compra menos libros en formato papel y muchos menos acude a las bibliotecas públicas. A esto también hay que sumarle que cualquier tipo de información puede ser encontrada en Internet. La culpa es de Google, jajajaja.
¿Entonces qué sentido tiene ir a sacar prestado un libro a una biblioteca, si tenemos la Wikipedia? ¿Para qué gastar en un libro si lo podemos fotocopiar o descargar en Internet? Al menos así piensan muchísimas personas.
Yo soy de una generación en que todavía me reunía con mis compañeros de curso para ir a la biblioteca municipal o a la de alguna facultad a buscar información para hacer los famosos “trabajos prácticos”, ya sea para el colegio o la Universidad.
También recuerdo que sacaba muchos libros prestados en la biblioteca de mi facultad, ya sea para rendir los parciales o para preparar algún final. La bibliotecaria de mi facultad se llamaba Silvina, tenía muy mal carácter y los alumnos se reían porque tenía bigotes. ¡Besis, Silvina, te quiero!
Silvina anotaba en unas fichitas de papel (la cosa no era muy tecnológica jajajaja) quien se había llevado determinado libro (el que casi siempre era de Derecho, de Historia, etc.), la fechas en que se lo habían llevado y la fecha en que tocaba devolverlo. Y si te pasabas algunos días con la devolución del libro, Silvina y sus bigotes te ajusticiaban jajajaja. O sea que Silvina y sus barbas te ponían en tu lugar, situación que no era nada grata tener que atravesar.
También había una segunda bibliotecaria que la reemplazaba a Silvina. Esta reemplazante tenía muchísimo mejor carácter, al lado de Silvina era “un cascabel”. La verdad es que no me acuerdo el nombre de la señora, quien también había trabajado en mi colegio.
Esta última bibliotecaria era una mujer muy bajita y que usaba unas botas larguísimas, que le ocupaban medio cuerpo: era la señora de las botas largas. Pero lo que sí recuerdo es que yo en mis épocas de alumna universitaria (hace como mil quinientos años atrás) iba bastante seguido al santuario de los libros viejos (o sea a la biblioteca). Pero creo –aunque no estoy tan segura- que muchos alumnos ya no sólo no pisan una biblioteca, sino que ni siquiera saben de qué corno se trata. ¿Ustedes fueron alguna vez a una biblioteca? ¿Todavía queda gente que asiste? ¿Qué opinan? ¿Creen que las bibliotecas todavía sirven para algo?
Nota aclaratoria: Mi mamá es bibliotecaria. No sé qué tiene que ver, pero se los quería contar. ¡Saludos!